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miércoles, 6 de mayo de 2009

Numismática

Desde que los griegos de Homero pesaban el oro y lo evaluaban en talentos (un talento era igual a un lingote de oro de 8,5 gramos que era el valor de un buey en las costas del mar Egeo), hasta nuestros días, la historia de la moneda ha superado todo tipo de vicisitudes y por tanto la numismática o ciencia que trata de la descripción e historia de las monedas y medallas, es una excelente herramienta para conocer la historia económica de los pueblos. Como ejemplos muy extremos, podríamos citar la Roma del siglo III de nuestra era, o la Alemania de 1920. Es decir, los momentos de crisis de un país coinciden con una mayor actividad acuñadora. Pero no nos fijemos en esos aspeaos solamente. Desde la óptica artística, gracias a la numismática se conocen en la actualidad desaparecidos monumentos de la antigüedad, efigies, mitos, etc. Es por tanto el hobby en el que se combinan, de forma más acusada, un elevado nivel cultural, un gran espíritu artístico y, por supuesto, un importante aspecto financiero. La calidad de inversión que este coleccionismo tiene, no puede ser más obvia a la vista de las acuñaciones en metales preciosos, que año tras año se efeaúan con motivos conmemorativos. Estas acuñaciones han substituido a las de monedas de curso legal, que ya apenas circulan en raros rincones de la Tierra, pero han circulado, y algunas debido a su escasez, rareza u otra peculiaridad, se cotizan muy bien. Es algo parecido a la filatelia; cada día es mayor el número de coleccionistas y el número de monedas en condiciones aceptables suele ser pequeño, La que aparece en óptimas condiciones tira de la cotización hacia arriba de forma espectacular, y anima a los aficionados a perseguir esas piezas codiciadas por Museos, Universidades u otras instituciones culturales.

Historia de la Numismática

El desarrollo más importante de la numismática se producé en los albores del siglo XVII, en el que se comenzaron a publicar tratados de iconografía y artes monetarias. Después, ya entrado el siglo XIX esos estudios se completan y amplían con otros sobre tipología, metrología, ponderales y dinerales, y aparecen las monografías sobre las grandes colecciones de monedas y medallas de una zona, de un país o de un continente y que, por supuesto, están en los grandes museos de París, Londres, Berlín, Nueva York, Viena, Madrid, etc.

Las primeras acuñaciones

Si bien antes se ha citado la Grecia de Homero, las primeras huellas de acuñación aparecen en Asia Menor y la India. En la Lidia de Creso (560-546 a.C.) se comienza a utilizar el oro y la plata en la acuñación de monedas y lo más destacable, el «oro blanco» es decir, la aleación de ambos metales preciosos. Las monedas eran* alargadas con grabados muy toscos, y su valor se establecía en función de la cantidad de oro o plata, que solía oscilar alrededor de los ochó gramos.

En la India las primeras monedas son de plata, cuadradas y con incisiones muy elementales en ambas caras. Después se comenzó a utilizar el cobre en formato cuadrado o redondo.

Pero es en Grecia donde las primeras monedas adquieren una belleza y unas calidades excepcionales; la gran mayoría tomó motivos del mundo animal para reproducir en sus caras: el águila de Zeus, la aveja de Efeso, el buho de Atenas, numerosos toros, palomas, etc. Con posterioridad, los anversos de las monedas que hasta el siglo II antes de C. habían sido de lo más escuetos en signos y, desde luego, sin inscripción alguna, comenzaron a llevar relieve y de este modo se extendió la moda de reproducir por una cara una deidad y por la otra el símbolo de la ciudad que acuñaba la moneda.

Esto es aplicable desde la India administrada por griegos, hasta el extremo occidental del Mediterráneo, también colonizado por ellos.

El presente

Hasta 1914 las monedas de casi todos los países solían ser de oro, plata y metales viles. El valor de los dos primeros se fijaba de acuerdo con el precio del mercado internacional, mientras que el de los otros metales, se proporcionaba convencionalmente y representaba un excelente negocio para los estados. Al desaparecer el respaldo oro empieza a florecer el papel moneda (los billetes), si bien sus antecedentes se remontan a Marco Polo y sus transacciones con China en el siglo XIII.

Medallística

La medallística ha jugado y juega un preponderante papel histórico por su capacidad de fijar en el tiempo acontecimientos de la más diversa índole; finales de guerras, proclamaciones de reyes o caudillos, exposiciones, etc. Sus orígenes hay que buscarlos en el Imperio Romano e incluso en la Atenas de cinco siglos antes de C, después se pierde tan noble costumbre durante la Edad Media y vuelve a resurgir en el Renacimiento de la mano de grandes artistas como Leoni o Cellini. Y en nuestros días, con la desaparición de las monedas acuñadas en metales preciosos, las medallas representan la expresión más noble del trabajo artístico en tales metales.

Los billetes

Los chinos del siglo VIII de nuestra era ya utilizaban papel moneda, impreso en papel hecho con corteza de morera y lacrado en rojo, y Marco Polo en sus viajes a aquel piáis en el siglo XIII lo emplea en sus transacciones con el Kublai Khan.

En nuestra civilización occidental, los primeros billetes fueron emitidos por el Banco de Estocolmo en 1661, pero su aceptación general no fue muy grande hasta finales del siglo XVIII. Buena prueba de ello son los innumerables recursos a los que se vieron obligados a recurrir los bancos, para que los ciudadanos «entrasen» en la circulación de una moneda tan fiduciaria como el papel. Para ello, y como ejemplo, tenemos el del Banco Nacional de San Carlos de Madrid, que estableció en 1795 un premio de 6.000 reales al escritor que con más brillantez demostrase la utilidad del papel moneda.

Pero no es hasta nuestro siglo cuando los avances en la impresión (los primeros billetes ingleses se extendían a mano y firmados con pluma, del puño del gobernador del banco emisor), en la tipografía, etc., hacen del papel moneda un verdadero arte en el que se combinan la belleza del diseño con otros elementos más prácticos, como las necesidades de seguridad contra falsificadores, la resistencia al uso, etc. Así pues, en la actualidad existe, como más tarde se comentará, una acusada tendencia a coleccionar billetes falsos, dado el gran atractivo que los falsificadores han encontrado en este campo. Hay auténticos especialistas en coleccionar los billetes más falsificados: los dólares, ya que desde el billete de un dólar, hasta los más raros de 10.000, se han realizado numerosas imitaciones, algunas muy apreciadas por los coleccionistas de rarezas. Igual puede decirse de los billetes portugueses de 500 escudos emitidos en Inglaterra en los años 20, o las libras esterlinas de 5,10,20 y 50, preparadas por los nazis para inundar el mercado financiero mundial en 1941 y que nunca llegaron a circular, pero cuyos raros ejemplares son piezas de museo.

Colecciones de Numismática

El coleccionismo de monedas comenzó siendo un hobby de la aristocracia por razones muy obvias, Los nobles del renacimiento se sintieron fascinados por las monedas griegas y romanas y comenzaron a coleccionarlas con tal furor, que no tardaron en aparecer piezas falsas imitadas con mayor o menor éxito, pero en definitiva que sembraron el desconcierto entre algunos coleccionistas poco documentados. Ya en el siglo XVII, los estudios y análisis sistematizados comenzaron a ser más frecuentes y la claridad y rigor aparecieron en la numismática por dos caminos; el primero a través de un más elevado control de las nuevas acuñaciones, y el segundo por un trabajo de reconstrucción históíica y limpieza de imitaciones muy grande. Y ya en nuestros días, la numismática es una ciencia y un arte consolidado, con grandes dificultades para el principiante ambicioso de grandes tesoros —cuya práctica totalidad se haya en los grandes museos—, pero cuyas posibilidades siguen intactas si su afán de búsqueda le lleva a trabajar la moneda antigua, bien como arqueólogo, bien como curioso, al que tales monedas pueden satisfacer sus necesidades de saber y de ocio.

SU COLECCION

Hay muchos caminos para llegar a la numismática, pero sólo uno de llevarla adelante con éxito: el estudio. Su colección puede iniciarse a partir de esas monedas que encontró perdidas en un cajón y que pertenecieron a su abuelo. Pocas, sucias pero con un interés latente. El descubrimiento puede producir o bien el efecto catalizador de lanzarle por el camino del coleccionismo numismático, o bien dejarle indiferente y que la caja de monedas permanezca en aquel lugar sin más. Ocupémonos de encauzar la primera opción hasta que se convierta en un hobby apasionante, tanto por las satisfacciones culturales como por las económicas. Para que esas pocas monedas sean el comienzo de una colección, lo primero que hay que hacer es clasificarlas científicamente. Para ello necesitará información, y ésta se puede adquirir por dos vías: documentación bibliográfica y documentación oral. De la primera ya nos ocuparemos, la segunda se adquiere en los mercadillos domingueros que existen en todas las ciudades, donde monedas, billetes y sellos se reúnen semana tras semana.

Allí acuden profesionales y aficionados, veteranos y nobe-les a intercambiar, comprar o simplemente charlar sobre sus colecciones, sus descubrimientos, etc. Es importante destacar la gran ayuda que puede ser, contar con la colaboración de un veterano, un experto con quién consultar dudas, con quien comentar los pasos a dar, la posible compra de una pieza o su misma autenticidad.



Estado de conservación

El estado de conservación de las monedas es uno de los aspectos capitales de la colección. En este sentido conviene apuntar los dos grandes grupos de monedas, sin circular o moneda circulada. El primer grupo representa la utopía numismática en lo que al pasado se refiere, porque ¿se imagina una moneda de hace dos mil años nueva? Es muy raro, muy difícil, pero posible, y de hecho hay casos y para acicate de coleccionistas se seguirán dando, aunque eso sí, de llegar al mercado los precios suelen ser desorbitados.

Las tres categorías de monedas sin circular son: de lujo, flor de cuño y excelente buena conservación. Cada una de ellas se diferencia de las otras por tan mínimos detalles que al profano le pasarían desapercibidos. Entre la moneda circulada también son tres las categorías diferenciales: muy buena conservación, buena conservación y regular conservación. Tanto en este apartado como en el anterior, se emplean siglas para su utilización en catálogos o trabajos de investigación. Y ni que decir tiene que también existen las monedas mal conservadas, bien por el desgaste natural (no conviene olvidar que la moneda se fabrica con un fin concreto, qué es su circulación), bien por golpes, arañazos u otras vicisitudes.

Limpieza

La conservación de una pieza no debe confundirse jamás con su limpieza. Una moneda puede estar sucia y perfectamente conservada y a la inversa, puede estar brillante, muy limpia y no estar en buen estado de conservación. Como norma fundamental no limpie las monedas, al menos no las limpie de momento a pesar de que le vamos a dar unas someras recomendaciones. Insistimos: las monedas no deben limpiarse a menos que sea un experto numismático el que se encargue de la operación, porque se puede lograr el efecto contrario al buscado y colaborar en la erosión de la pieza, con arañazos, etc. De cualquier forma, como guía informativa del modo de abordar los diferentes metales empleados en numismática, tenga en cuenta las siguientes recomendaciones: Oro. Sólo se necesita agua y jabón y un paño para su secado. Plata. Agua jabonosa a la que añadirá algunas gotas de amoníaco. No utilice bicarbonato y menos los algodones que venden ya preparados. Utilice cera para su conservación.

Bronce. Emplee un baño de agua y alcohol y un cepillo de fibra de vidrio.

Cobre. Baños de vinagre rebajado; seguidos de otros de aceite y secado al sol.



El catálogo

Al igual que en la filatelia, en numismática el catálogo es imprescindible para poder «trabajar» con rigor y ordenar las piezas que vayan llegando a sus manos. Existe tal variedad de catálogos que resulta imprescindible seleccionar aquel período o tema objeto de nuestra colección, para adquirir el catálogo especializado, con independencia de que se tenga uno general (usualmente tomos de más de dos mil páginas con tipos de letra que requieren el empleo de lupa). En todos ellos se dan precios orientativos —aspecto éste que no conviene olvidar para no sufrir decepciones—, que lógicamente variarán según el estado de conservación de lá pieza. En algunos catálogos, además, se emplean una serie de signos convencionales o siglas, para determinar la rareza o vulgaridad de la moneda en cuestión.


El àlbum

El abanico de posibilidades es tal, que una simple visita a cualquier comercio especializado servirá para satisfacer las necesidades más exigentes. De cualquier modo, dependerá del' tipo de monedas y de su ordenación, el modelo de catalogador que necesitará, en lo qué respecta a tamaño, tipo de hoja —siempre intercambiable— o protección. De cualquier modo las dos únicas normas de obligado cumplimiento son: que la moneda no sufra ningún tipo de abrasión, y que si éstas son de hierro o aluminio, materiales más frágiles y perecederos, no se guarde el álbum en lugares húmedos, porque nos podemos ver sorprendidos por el óxido, proceso que una vez iniciado es irreversible.

Valoracion final

Como ya se ha apuntado, la numismática requiere una serie de apoyos informativos y documentales, cuya procedencia no es otra que el resultado de la paciente investigación desarrollada por aficionados y profesionales y que ve la luz en congresos y conferencias. Pero a escala màs local, màs cercana al principiante, son numerosaslas Asociaciones y Clubes filatèlicos y numismàticos en los que se publican revistas y anuarios, se celebran charlas, y son el lugar ideal de reuniòn para iniciarse en tan tradicional hobby.

Resulta de suma importancia esta pertenencia a una Asociaciòn, donde encuentre personas con mayor grado de experiencia en la colección de monedas, para que sus primeros pasos vayan asesorados y le eviten experiencias amargas a la hora de adquirir algunas piezas; idéntico planteamiento se puede hacer a la hora de centrarse en un período de la historia, un reinado, una dinastía o un país. Porque es muy común en todo coleccionista, sus ganas de «correr», de dar pasos de gigante y sin embargo, sentirse desesperado con los estudios e investigaciones previos a la compra de cualquier moneda.

Todos sabemos que es necesario contar con el consejo del profesional, pero a veces por falta de experiencia de los dependientes o simplemente desinterés, el aficionado se encuentra con que ante el abanico de posibilidades, la única respuesta que encuentra es muy cara y sin garantías de queí poco tiempo después le satisfaga; el álbum con excelentes tapas, pero sin hojas intercambiables; la lupa con luz, pero sin los aumentos precisos, etc. Algunos de estos problemas se evitan conociendo experiencias ajenas, contrastando puntos de vista y éstos sólo se expresan con soltura y confianza entre «colegas». Que usted desconozca todas esas pequeñas triquiñuelas, sólo significa que ha empezado más tarde a desarrollar su hobby.

Antes de finalizar, una breve anotación sobre los coleccionistas de papel moneda, billetes, cuyo pasado, es menos remoto, pero cuyo futuro es mucho más prometedor. En este Campo los coleccionistas de billetes falsos son casi tan numerosos como los de billetes de curso legal. Una buena colección de billetes falsos de los cinco últimos lustros del siglo pasado, no tiene precio. Como anécdota simplemente, podemos resaltar que algunos billetes llevaban impresa la leyenda «pena de muerte al falsificador»; no obstante, era tal el volumen de billetes falsos en circulación que hubo talleres bancarios que entraron en crisis. En España, al igual que en muchas Repúblicas sudamericanas, el papel moneda se imprimía en Londres, por las mayores garantías en cuanto a filigranas, estampado, etc., que por su complejidad, dificultaba algo su falsificación. Así pues, infórmese detenidamente y comience su colección de monedas o billetes, pero tenga siempre presenté que la numismática es una ciencia muy desarrollada, y por tanto, un hobby en el que se pueden invertir sumas importantes de dinero, lo que por consecuencia le hará buscar la mayor cantidad de información, posible para que sus ahorros no sólo estén seguros, sitio que oportunamente le produzcan beneficios substanciales.


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